Saturday, November 29, 2008

PROPUESTA PARA UN REGALO APASIONANTE


CUENTOS DE LA ESPAÑA DE FRANCO

de Luis Otaduy Guerreiro

ISBN: 978-84-95728-92-0
narrativa Hontanar
nº páginas: 255
PVP: 18 €

Este libro ha contado con una ayuda a la edición,
dentro del Plan Libro Abierto 2008,
de la Fundación Siglo para las Artes en Castilla y León.


COMENTARIO A LOS CUENTOS DE LA ESPAÑA DE FRANCO:

Estos cuentos, y otros muchos que podían haberse incluido en este libro, fueron escritos durante toda una vida. El más antiguo es Julian 1947, que fue publicado en 1950 con el título de Suburbio en la revista universitaria La Hora, donde escribían Camilo José Cela, Alfonso Sastre, Carlos Talamás, Gabriel Elorriaga, padre del político del PP del mismo nombre y apellido... Y donde dibujaban Lara y Mampaso, dos grandes dibujantes y pintores. Este semanario era mucho más libre que todas las publicaciones de aquel tiempo porque estaba tutelado por una Universidad donde enseñaban todavía Tierno Galván, Antonio Tovar, Lopez Aranguren, Laín Entralgo, Montero Diaz y otros profesores que habiendo sido del Régimen se apartaron luego del mismo y fueron expedientados y separados de sus cátedras.
Albergue de Juventud, también es muy antiguo, recoge recuerdos de tantos cursos y cursillos como tuvimos que tragarnos todos los que éramos jóvenes entonces: una la retórica corriente del Régimen, que ahora repiten algunos periodistas de la prensa y la radio. La defensa de la Santa Inquisición como «bien necesario» la oímos muchas veces durante aquel tiempo.
Aunque los personajes son imaginarios, algunos se parecen a personas reales a las que conocí o de las que tuve referencia indirecta. El tabernero de la calle Narvaez existió, y es verdad que fue de vacaciones a París, sin saber muy bien a dónde iba, y que volvió contando a su clientela que había visto un mercado de pollos más grande que un campo de fútbol. Es el protagonista de El Viaje. Al negro con zapatos y sin calcetines lo conocí en un tren en Francia y es cierto que era argelino y muy simpático. También conocí al maestro de escuela en una aldea frente a Portugal, aunque lo que cuento de él sea inventado, excepto lo del fraile predicador al que siguió una casada, que ocurrió realmente entre otras personas que no aparecen en el cuento. El Gaspar del Ultimo rojo es tan verdad, que aunque se llama de otra forma vino a pintar a mi casa y me dijo punto por punto todo lo que cuento, también que tenía una pierna lesionada.
En l939, mi madre recibió una carta de un pariente que había estado en la farmacia militar de Getafe durante la guerra; era una carta larguísima, y en ella se contaba como dos farmacéuticos militares habían entrado en Madrid por despiste dos días antes de que lo hicieran las tropas de Franco. Es verdad lo del camión, lo del abanderado, que los franquistas de Madrid salían a la calle dando vivas a Franco, que de los balcones se descolgaban banderas nacionales y que por Madrid se veían milicianos saludando con el puño en alto a los intrusos..., y no sigo para que el lector siga adivinando qué es verdad o qué es mentira en ese relato de La toma de Madrid.
En el cuento El maletín es verdad todo, menos que se lo robaran al protagonista. Las personas que iban en aquel departamento del tren son todas verdaderas y dicen lo que decían entonces. Hasta es cierto que la señora con niño le pidió al protagonista que bajase del tren para comprar en la cantina de la estación agua para el niño y es verdad que el requerido bajó con la angustia de dejar el maletín en la rejilla con el riesgo de que se lo robasen.
Ave María Purísima es el más vigente de todos los cuentos, pues la actitud de este estamento religioso se está pareciendo cada vez más a los tiempos de Franco. El cura de los quesitos me cae simpático, pero comprendo la furia de un marido al que quieren separar de su mujer porque lee a Quevedo. En cuanto al Don de Lenguas es todo inventado, claro, pero a mí me gustaba más el Ceferino de antes del exorcismo, aunque estuviese endemoniado.
Cuatro muelas, tiene de real que a mí me las arrancó sanas una dentista, diciendo que me rozaban la lengua y que me habían producido un cáncer de boca. Luego en la biopsia se vio que no era así y que me habían arrancado cuatro muelas sanas para nada. Todo lo demás es inventado, menos que durante el franquismo había policías que torturaban, pues hasta alguno presumía públicamente de ello, como aquel policía joven llamado «Billy el Niño», que alardeaba de no dejar ni un rojo con los órganos en su sitio después de pasar por sus manos. Y llamaba rojos a algunos que luego fueron del PP o de Convergencia y Unió.
Cuando aún no estaba terminado el cuento El Nuevo Cura se lo dejé leer a Carlos Saura, el director de cine que había ido conmigo al colegio. Me dijo, sin que yo le preguntase, que no valía como guión de cine. También añadió, sin que se lo preguntara, que tampoco valía yo como actor de cine, que no se me ocurriese ponerme delante de una cámara. Veinte años después, o así, terminé ese cuento. Pero desanimado por los consejos no pedidos de Saura, lo metí en un cajón. Allí estuvo, amarilleando hasta ahora que lo incorporo a este libro por si alguien piensa diferente que Saura.

Luis Otaduy Guerreiro

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